miércoles, 21 de octubre de 2020

 Como destruyeron la campaña de Yacu a la Presidencia.

Crnl. ®️ Mario R. Pazmiño Silva

Los actos irracionales sin medir las consecuencias pueden traer efectos devastadores para un político o un partido, más aún si está iniciando una campaña electoral a la Presidencia de la República.

El fraccionamiento en el movimiento indígena, por intereses personales de sus dirigentes, no está en duda, como tampoco la influencia de los ideólogos mariateguistas infiltrados que juega un factor desequilibrante en Pachakutik.

El fin justifica los medios dicen los seguidores del fundador del Partido Socialista Marxista Peruano Carlos Mariátegui, que tuvo influencia directa en la formación y el pensamiento revolucionario de un grupo terrorista llamado Sendero Luminoso en Perú.

La idea de llegar al poder de los dirigentes indígenas y generar protagonismo buscando que los medios de comunicación recojan su verborrea de izquierda, les hace cometer “errores de buena fe”. El otrora denominado día de la raza, el 12 de octubre, era el momento escogido para hacerse presente en Quito y buscar la atención de los medios de comunicación. Inicialmente buscaban estar presente en el parque del Arbolito, símbolo de la destrucción y desestabilización protagonizada en octubre del año 2019.

La “muchedumbre eufórica”, del lunes de esta semana, compuesta por unas treinta personas, avivaba la oratoria del dirigente que con su poncho rojo y sombrero negro, trataba de convencerles de que “octubre rebelde sigue presente”.

La atención que buscaba no pasó a mayores. Los habitantes de Quito ya no querían escuchar de destrucción, terrorismo y sedición urbana, por lo que tenían que aplicar otra estrategia, algo que llame la atención, y la mejor forma de hacerlo, era intentar destruir el monumento de Isabel la Católica. La acción irracional solo causó el rechazo social y varias denuncias en la Fiscalía contra los dirigentes indígenas por destruir el patrimonio de la ciudad.

El efecto de esta imprudencia le pasará factura a Yaku y a Pachakutik, que puede perder el electorado de una importante ciudad como Quito, que mira con desprecio estas acciones de desestabilización y ofensa a la capital. La campaña no arranca, pero ya destruyeron la imagen del candidato y sus aspiraciones electorales.

lunes, 12 de noviembre de 2018



EL TRIANGULO DE LA MUERTE EN LA FRONTERA ABANDONADA
Crnl. Mario R. Pazmiño Silva


Han debido pasar más de cinco décadas para que, como sociedad, nos demos cuenta de la realidad lacerante que carcome diariamente a las poblaciones del norte de Ecuador y del sur de Colombia. Sin embargo, por temor o ignorancia gubernamental, no se quiere afrontar ese escenario de violencia, injusticia social y abandono.

Concretamente hablo de los departamentos colombianos de Nariño y Putumayo, que, junto a las provincias ecuatorianas de Esmeraldas, Carchi, Imbabura, Sucumbíos y Orellana, conforman el triángulo de la muerte.

En esta agreste geografía selvática convergen varios actores: por un lado, los grupos criminales: 14 facciones disidentes del grupo narcoterrorista de las FARC-EP; los carteles mexicanos de Sinaloa, Jalisco Nueva Generación y del Golfo, que controlan los corredores de abastecimiento y distribución de cocaína. Por el otro lado están las dos Fuerzas de Tarea Conjuntas Hércules de Colombia y Esmeraldas de Ecuador, que operan para erradicar la presencia de esos grupos.

Al interior de este triángulo de la muerte se encuentra la población binacional, actor indefenso y obligado a tomar partido por su supervivencia. Los gobiernos irresponsables e indolentes abandonaron a los pobladores fronterizos a su suerte, generando una convivencia de terror e incertidumbre ante la presencia de los actores generadores de violencia.
   
Las violaciones constantes de los derechos humanos son provocadas tanto por las organizaciones de crimen organizado transnacional, como por la fuerza pública. Los primeros han colocado a la población en la disyuntiva de seguir viviendo con el temor permanente y la inseguridad o migrar. Los segundos violentan los derechos ciudadanos bajo el pretexto de operaciones de rastrillaje, sin considerar que esos compatriotas sobreviven en la ilegalidad por el abandono de los mismos gobiernos que dicen protegerlos.


Hace algunos años, pude observar en la frontera a una humilde familia de campesinos, integrada por un anciano, que era el abuelo, y dos niños con una funda de yute, donde llevaban otra mudada de ropa y un pedazo de pan. Ellos habían abandonado todo porque querían salir del conflicto, del infierno donde vivían y que se había llevado a sus padres.

El triángulo de la muerte representa una realidad que la sociedad no quiere afrontarla pero que está allí para cada día recordarnos a los ecuatorianos y colombianos lo que sucede cuando los gobiernos abandonan a su población y permiten que las estructuras delictivas aprovechen esta indiferencia social para reemplazar la autoridad gubernamental con la ilegalidad del narcotráfico o del crimen organizado.          

La tarea que tienen los presidentes Iván Duque y Lenin Moreno es titánica, ya que a más de erradicar la presencia de las disidencias y de los carteles internacionales de narcotráfico, deben -y esto es lo más importante- proteger a los ciudadanos a los que juraron defender cuando asumieron sus respectivos mandatos.

Tarea difícil pero no imposible cuando existe la convicción y decisión de hacerlo.

jueves, 28 de agosto de 2014

SUEÑO CON UN PAÍS
 Mario R. Pazmiño S.

Cada día nuestro país camina al cadalso y sus ciudadanos vemos con impavidez ese recorrido mortuorio. ¿Es que acaso no nos importa lo que va a pasar en el futuro o nuestros sueños ya fueron pisoteados por un gobierno totalitario que quiere perpetuarse en el poder? ¿Hemos perdido la esperanza o ya nos quitaron el derecho a poder soñar? Yo quiero seguir soñando, como miles de ciudadanos, en una patria altiva y, por eso, participo de este ideal de un país mejor.
Yo quiero un país donde el presidente no persiga por opinar diferente, que no insulte, que acepte las críticas como un estadista, que no utilice el poder que el pueblo le confió para imponer temor en los ciudadanos, que no difame para descalificar a sus adversarios, que no use los medios de comunicación públicos para hacerse propaganda y, peor aún, para linchar mediáticamente a sus opositores. Quiero un país donde no se cambie de discurso de acuerdo a las conveniencias de los funcionarios gubernamentales; un país de confraternidad entre ciudadanos, sin divisionismos o enfrentamientos, producto de los intereses de los caudillos.
Sueño con un país donde se respete lo nuestro y a nuestra gente, donde no se traiga a supuestos expertos para ocupar vacantes que este gobierno apertura con el despido de masivo de nuestros profesionales; que cada persona escoja la universidad y la carrera que quiera; que las madres no tengan que hacer largas colas por un cupo en una escuela o colegio para sus hijos; que el enfermo tenga acceso a atención digna y medicamentos gratuitos y no mendigue un turno o una medicina.
Quiero para mis hijos un país donde no se hipoteque sus aspiraciones con endeudamientos internacionales, donde se respete la naturaleza y su habitad, donde la tierra sea para quien la trabaja y no para la argolla política de turno, donde no impongan impuestos para cubrir el mal manejo económico del gobierno, donde las reservas de oro en el exterior sean sagradas y no de libre disponibilidad, dependiendo del genio con que el autócrata se levante.
Aspiro un país donde la justicia sea para todos, sin distinción de raza condición económica o credo, y no solo para los allegados al gobierno, donde no se compre a jueces y fiscales a cambio de un fallo o una sentencia, donde por protestar no te llamen terrorista, donde se elijan a funcionarios judiciales por sus méritos y no por su afinidad política o de sangre, donde no importe que relación se tiene con el presidente para ser juzgado, donde no se generen artículos legales que beneficien al narcotráfico o a la delincuencia. Quiero un Estado donde se respete la Constitución y sus leyes.
Sueño con un país en el cual el presidente, los ministros, los jueces, los asambleístas no cobren un sueldo y que su trabajo sea considerado como un servicio a la comunidad, un honor; donde nadie quiera enquistarse indefinidamente en el poder, donde para ocupar un cargo público el funcionario tenga título de cuarto nivel y esté capacitado para ejercer ese cargo.
Sueño que mi Patria sea respetada y conocida internacionalmente por su trabajo, su gente, su cultura, su espíritu de superación y no por la opresión a su pueblo; donde las doctrinas extintas, como el socialismo, no sean usadas como bandera de lucha.

Nuestra Patria hoy nos necesita para lograr materializar estos sueños y hacer una sociedad más justa, donde las nuevas generaciones tengan la oportunidad de crecer libres y no como un pueblo de esclavos a los intereses particulares del gobierno de turno.